• Iglesia del Todopoderoso

Ciudadanos del Reino y Ciudadanos de la Polis

Actualizado: 29 de sep de 2019


Abriendo el surco de una ciudadanía responsable.

Los cristianos, cualquiera fuera el marco temporal en el que se encuentren, están llamados a ser discípulos y ciudadanos. Tienen una doble ciudadanía, pues son ciudadanos del reino de Dios y también ciudadanos del país en el cual están situados como seres humanos de carne y hueso. Mas, en ambos casos tienen la ineludible misión de dar cuenta de su condición de seguidores del Dios de la vida. ¿Qué significa exactamente esto y cuáles son sus implicancias para el testimonio cristiano en el mundo?

Una de las primeras responsabilidades ciudadanas de los cristianos, como discípulos y ciudadanos, es comprender que no deben enfeudarse a ningún gobierno, estructura partidaria o ideología política en particular. Entre otras razones, porque el reino de Dios no puede reducirse a un mero programa político partidario o encasillarse en determinada ideología, así se trate de un partido o una ideología de sesgo evangélico que cuente con la "bendición" de aquellos que presumen de ser los "portavoces" de Dios.

La otra responsabilidad ciudadana de los evangélicos es entender que la democracia no debe reducirse ni limitarse a la democracia representativa. Deben apostar por la democracia participativa, uniendo sus fuerzas a la de los sectores organizados de la sociedad civil, buscando dialogar desde sus compromisos y prácticas ciudadanas concretas con los poderes públicos, para que el país sea una democracia de ciudadanos plenos. Pero también buscando que se construya, paso a paso, una democracia deliberativa en la cual se dé una conjunción de la democracia representativa y la democracia participativa, apuntando siempre al bien común.

¿Por qué debe ser así? Porque si se quiere cambiar la cara pública de la comunidad evangélica, dejando atrás el estereotipo de comunidades enajenadas de la realidad histórica, apolíticas, pasivas o justificadoras de regímenes opresivos y represivos, como todavía algunos creen que lo son, se deben dar signos visibles o gestos públicos claros de ciudadana responsable. Entre otras razones, porque, como lo señaló hace varios años un cristiano europeo: "La fe no puede seguir siendo por más tiempo el asilo de hombres acomplejados por la vida, cuya única esperanza apunta al fin de los tiempos, en que el mundo desaparecerá y vendrá el reino de Dios... La responsabilidad de la fe frente al mundo no puede limitarse por más tiempo a preservar el orden existente puesto que el hombre y el mundo se encuentran irreversiblemente vinculados a la historia... Como mensajera de paz en un mundo de desconfianza y de angustia, la fe es un elemento de tipo político. Si no acepta ese papel de responsabilidad pública hará crecer con ello la sospecha de que es solo un sistema irreal de escepticismo camuflado y de resignación piadosa" SCHMIDT Hans, El problema del Cristo Político: Cambios en la relación entre la fe y la responsabilidad pública. En fe y responsabilidad pública (Ed. Hans Jurgens Schultz, Salamanca, Ediciones Sígueme, 1984, p. 43-45).

Precisamente, porque tienen una responsabilidad pública ineludible, los evangélicos deben insertarse en la vida política, vía los movimientos sociales y partidos políticos, dando cuenta de su interés por el bien común. Tiene que ser así porque no podemos esperar pasivamente hasta que llegue el orden perfecto. Tenemos que proclamar el pleno Evangelio de nuestro Señor Jesucristo que incluye todas las esferas de la vida, nuestro tiempo por entero; que incluye adoración, oración, obediencia a la Palabra de Dios, confesión con nuestras propias palabras, con nuestro amor, en hechos y en verdad y también mediante acción social y cívica (BURKI Hans, El cristiano y el mundo, Barcelona, Ediciones Evangélicas Europeas, 1971, p.77).

Para evitar que esto ocurra, parte de nuestra responsabilidad pública es forjar ciudadanos plenos y responsables que apuesten y luchen por una democracia en la que todos sean valorados y tratados como iguales, sin ninguneos de ninguna especie y con derechos y deberes universales. En tal sentido, un aspecto sustantivo de la tarea colectiva de los evangélicos consiste en meterse responsablemente en los movimientos sociales y partidos políticos para, desde adentro, generar nuevas formas de compromiso y participación pública en las cuales la política no esté divorciada de la ética y exista coherencia entre la promesa electoral y el ejercicio del poder delegado.

Más aún, según José Míguez Bonino, la creciente conciencia social de los ciudadanos evangélicos debería encaminarse por la participación en los movimientos sociales. Las razones serían las siguientes:

En primer lugar, porque las metas y los propósitos están más acotados y específicamente definidos, y los creyentes pueden participar más confiadamente; en segundo lugar, porque las relaciones son más personales y cara a cara, más semejantes a lo que están acostumbrados en la comunidad eclesial y, finalmente, porque hay menos nivel de corrupción y la lucha por el poder es menos violenta. En este sentido, los participantes pueden obtener experiencia, a la vez que hacen una contribución a la vida pública... Por cierto esto no reemplaza ni reduce la importancia y necesidad de la vida política, en el sentido más estricto, y la participación partidaria, pero tal vez provee un espacio donde las vocaciones políticas específicas pueden despertar y desarrollarse (MÍGUEZ José, Rostros del protestantismo latinoamericano. Buenos Aires, Grand Rapids: Nueva Creación - William B Eerdmans Publishing Company, 1995, p.71).

Los surcos colectivos para que se canalicen las vocaciones sociales y políticas de los ciudadanos evangélicos, orientadas al fortalecimiento de las frágiles democracias de la región y al bien común, ya están abiertos y en varios de estos surcos están insertados los discípulos del Dios de la vida. Sin embargo, todavía se necesitan ejemplos concretos de dirigentes sociales y políticos de confesión evangélica en quienes, informados por la fe bíblica, su ejercicio del poder guarde coherencia con los principios del reino de Dios y tenga como horizonte la búsqueda activa del bien común, con una eficiencia y eficacia conectadas con la ética del reino de Dios.

LÓPEZ Rodríguez, Dario, La propuesta política del Reino de Dios - Estudios Bíblicos sobre Iglesia, Sociedad y Estado. Ediciones Puma, Lima, 2009, p. 107-111.

Darío López Rodríguez, obtuvo su PhD en el Oxford Centre for Mission Studies, Oxford, Reino Unido. Es presidente del Concilio Nacional Evangélico del Perú; profesor visitante del Church of God Theological Seminary (Cleveland, Tennessee, USA), del Centro de Capacitación Misionera (La Paz, Bolivia), del Seminario Bíblico Gamaliel de la Iglesia de Dios, del Colegio Pentecostal (San Juan, Puerto Rico), del Seminario Sudamericano (Quito, Ecuador); es profesor de la Universidad Bíblica Latinoamericana, Recinto Lima. Pastor de la Iglesia Monte Sinaí en Villa María del Triunfo de la Iglesia de Dios del Perú y autor de varios libros.

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Direcciones:

-El Trébol Oriente N° 18, Población Las Gaviotas, Concón, Chile.

-Pasaje El Belloto sin número, camino Quintero-Ritoque, Quintero, Chile.

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