Una citación ineludible


La Biblia enseña que Dios es amor pero también enseña que es un Dios de juicio. Si algo enseña la Biblia es que Dios va a juzgar al hombre. Una y otra vez Jesús advirtió acerca del juicio: “Toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mateo 12:36), “porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse” (Lucas 12:2). Los apóstoles enseñaron en todo el Nuevo Testamento que llegaría el momento del juicio: “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras” (Romanos 2:5,6), “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). En este pasaje de Hebreos queda aclarado que no hay reencarnación, sino que el ser humano muere una sola vez y luego el juicio. Éstos son sólo algunos de los centenares de pasajes que podrían citarse que apuntan a un momento del juicio por venir, en el cual se verá envuelto todo hombre que haya vivido y ninguno escapará.

Hay un registro de todo lo que pensamos y decimos. Un día todo vendrá a juicio. Cuando leo estos pasajes de las Escrituras siento pena por los muchos jóvenes de hoy que viven una vida desenfrenada sin ningún temor a Dios. La Biblia dice con respecto a los jóvenes en Eclesiastés 11:9 “Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios”. Muchas personas piensan que con decir ‘yo no soy de ninguna religión’ o ‘no creo en nada’ los eximiera de esta citación a juicio. Ellos piensan que es como un juego en el cual pueden decir ‘yo no participo’. Amigo(a), seas creyente o no, todos tenemos que comparecer ante Dios, es una citación ineludible. Pero así como el Estado le provee un abogado al imputado que transgredió las leyes, así también Dios en su amor y misericordia nos proveyó de un abogado y sustituto. Cristo es nuestro abogado y sustituto. Él toma la culpa del imputado y él nos adjudica su justicia: “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1ª Pedro 2:24). “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y Él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1ª Juan 2:1,2). El peor pecado del hombre hoy, es el rechazo de este abogado. Como él lo dijo en San Juan: “y no queréis venir a mí para que tengáis vida”.

Amigo(a), no te puedes presentar delante de la justicia de Dios sin este abogado, no tendrías ninguna posibilidad. Sólo en Cristo somos justificados, deja que Él te represente, recíbelo como tu Salvador, como dice el texto de gloria en la Biblia: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16)

Dios les bendiga

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