La política de Jesús


La política de Jesús - La perspectiva lucana del poder.

Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor. Pero Él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.

Lucas 22:24-27

Uno de los asuntos críticos que ha generado una amplia discusión teológica y política al interior de la comunidad evangélica es el tema de la incursión de un número cada día más creciente de ciudadanos de confesión evangélica en la plaza pública. Sin embargo, la experiencia reciente de estos nuevos actores sociales y políticos, da cuenta de que su gestión no ha sido ni distinta ni mejor que la de la mayoría de los políticos tradicionales. A pesar de ese déficit ético, un déficit que ha puesto en tela de juicio el testimonio público de todos los ciudadanos evangélicos, no se puede negar que la comunidad evangélica ya no pasa desapercibida en las sociedades latinoamericanas.

Teniendo en cuenta todos estos datos de la historia reciente de los evangélicos, varias preguntas se pueden formular con respecto a la incursión de ciudadanos de confesión evangélica en la plaza pública. ¿Sobre qué bases teológicas y éticas se tiene que articular el ejercicio ciudadano de los evangélicos cuando participan en los movimientos sociales y en los partidos políticos? ¿Qué fundamentos bíblicos deben modelar la práctica política de los ciudadanos evangélicos cuando estos se encuentren en los espacios de poder?

Uno de los documentos claves del Nuevo Testamento, sumamente valioso para responder a estas preguntas, es el evangelio según San Lucas. De entre los textos de este evangelio que se pueden examinar para conocer la perspectiva lucana del poder, destaca notoriamente Lucas 22:24-27. Precisamente, a la luz de todo el testimonio lucano, se examinará con cierto detalle este texto tratando de captar la propuesta teológica relacionada con el tema del poder político que allí subyace, y conectándola con los desafíos sociales y políticos del entorno de misión.

El testimonio lucano

El tema del poder político es uno de los ejes transversales del evangelio según San Lucas. Al respecto, un examen panorámico de los relatos del evangelio de la infancia, registrados únicamente por San Lucas en su evangelio, ilustra ampliamente esta afirmación. El Magnificant o Canto de María (Lucas 1:46-55), El Benedictus o Canto de Zacarías (Lucas 1:67-79) y El Nunc Dimittis o Canto del anciano Simeón (Lucas 2:29-32) dan cuenta de ello.

Así, por ejemplo, el contenido innegablemente político del Magnificant insinúa que para la doncella María, la esperanza mesiánica tenía como horizonte una completa transformación de las relaciones sociales y una inversión radical de la pirámide del poder:

Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos (Lucas 1:52-53). Las palabras de María pueden explicar por qué para Carlos Escudero en este canto se presenta a Dios como el Dios intrahistórico, cercano, inmediato, el acompañante, guía y defensor del pueblo. Es el Dios de Israel, de su experiencia y liberación histórica, el Dios del éxodo, que se convierte en el paradigma de las demás liberaciones históricas (ESCUDERO, Carlos, Devolver el evangelio a los pobres: A propósito de Lucas 1-2, Salamanca, Ediciones Sigueme, 1978, p.200-201)

Además, el contenido de las palabras del anciano Simeón (Lucas 2:25) y de la profetisa Ana (Lucas 2:38) indica que para ellos la presencia del Mesías en el escenario de la historia humana estaría conectada con la liberación de Israel. Lucas subraya que Simeón esperaba la consolación de Israel (Lucas 2:25) y Ana la redención de Jerusalén (Lucas 2:38). En ambos casos, como lo puntualiza Lucas en su evangelio (Lucas 2:25,37), no se puede negar la connotación política que subyace en la esperanza mesiánica de estos dos ancianos, justos y piadosos. En palabras de Howard Yoder:

"Cualquiera sea la 'verdadera forma histórica' de los eventos subyacentes detrás de la historia, podemos estar seguros de que, en la atmósfera de alta sensibilidad apocalíptica en la que vino Jesús, al menos era posible, sino normal para aquellos que esperaban la 'consolación de israel', ver en estas liberaciones milagrosas de la historia del Antiguo Testamento un paradigma del modo en que Dios salvaría a su pueblo en ese momento" (YODER, John, Jesús y la Realidad Política. Buenos Aires - Downers Grove: Ediciones Certeza, 1985, p.65)

Lucas en su evangelio no elude, entonces, el tema del poder político (Desde una perspectiva bíblica, la única autoridad legítima y plena la tiene Dios, ya que solamente Él tiene autoridad en sí mismo. En tal sentido, toda autoridad humana es una autoridad delegada o conferida, pues los gobernantes terrenales tienen que responder a Dios por la manera como la ejercen, desde sus respectivas posiciones o espacios de poder). Él presenta a Jesús de Nazaret como el Mesías prometido por los profetas del Antiguo Testamento, cuya plataforma programática expuesta en la sinagoga de Nazaret constituye un claro indicativo tanto del contenido como del alcance de su misión liberadora (Lucas 4:16-30). De acuerdo con el testimonio lucano, su misión liberadora tenía como horizonte revertir el destino de los pobres y de los sectores condenados al ostracismo social, como las mujeres, los cobradores de impuestos, los niños, los samaritanos y los leprosos. Dos temas clave del tercer evangelio son suficientemente explícitos sobre este asunto. Por un lado, el amor especial de Dios por los pobres y los excluidos del mundo; por otro, la naturaleza y el alcance universal de la misión (LÓPEZ, Darío, La misión liberadora de Jesús: el mensaje del evangelio de Lucas. Lima, Ediciones Puma. 2004, p.17-47)

Parece claro, entonces, que para Lucas la proclamación de Jesús relativa al reino de Dios tenía una dimensión política incuestionable. Todo el evangelio de Lucas da testimonio de ello. Sin embargo, pasajes exclusivamente lucanos como Lucas 13:32, un texto en el que Jesús llama a Herodes Antipas la autoridad temporal de ese tiempo, aquella zorra o un gobernante astuto, son especialmente notables para captar la textura teológica del tercer evangelio con respecto al tema del poder político. Lo mismo se puede afirmar sobre el carácter claramente político de la predicación de Juan el Bautista (Lucas 3:1-18), un profeta que criticó públicamente incluso al propio Herodes Antipas, el gobernante temporal de ese tiempo (Lucas 3:19); crítica pública que lo condujo primero a la prisión (Lucas 3:20) y, posteriormente, a la muerte (Lucas 9:9) (No se tiene que olvidar, además, que únicamente Lucas ubica la historia de Jesús de Nazaret en su contexto histórico específico, mencionando por nombre a autoridades políticas como los emperadores romanos Augusto César (Lucas 2:1) y Tiberio César (Lucas 3:1), Cirenio el gobernador de Siria (Lucas 2:2), el gobernador romano de Judea Poncio Pilato (Lucas 3:1) y a Herodes tetrarca de Galilea (Lucas 3:21)).

Particularmente, en Lucas 22:1-71 el tema del poder político tiene detalles singulares relacionados con el contraste entre los valores del reino de Dios y los valores sobre los que se sostienen los reinos de este mundo instrumentados por la potestad (exousía) de las tinieblas (Lucas 22:53). Todo el capítulo 22 del tercer evangelio registra lo que bien podría llamarse la hora de la potestad de las tinieblas (Lucas 22:53).

En este capítulo se registra el complot para matar a Jesús de Nazaret, un complot en el que uno de sus discípulos, Judas Iscariote - cuyo apelativo Iscariote probablemente significa sicarius o sicario (CULMANN, Oscar, Jesús y los revolucionarios de su tiempo. Barcelona: Editorial Herder, 1980 p.21) - participó activamente (Lucas 22:1-6). Se registran también los relatos de la institución de la cena del Señor (Lucas 22:7-23), el anuncio de las negaciones de Pedro (Lucas 22:31-34), la oración de Jesús en el huerto de Getsemaní (Lucas 22:39-46), el arresto de Jesús (Lucas 22:47-53), las negaciones de Pedro (Lucas 22:54-62) y el remedo de juicio que le hicieron a Jesús las autoridades religiosas judías (Lucas 22:63-71).

Resulta interesante notar, además, que en este capítulo se hace referencia en varios momentos a la espada (Lucas 22:36, 38, 49, 52), un instrumento para matar o un arma de guerra cuyo matiz político no necesita mayor explicación, particularmente, si se lo asocia con la existencia de grupos de resistencia a la ocupación militar romana como los zelotes y los sicarii (Oscar Culmann, subrayando que se debe examinar las enseñanzas de Jesús sobre el fondo de las ideas de su tiempo, expresa lo siguiente sobre este asunto: "Los zelotes son, pues, celosos, decididos, comprometidos, con un matiz de fanatismo. Celosos de la ley, esperan ardientemente al mismo tiempo el advenimiento del reino de Dios para un futuro muy próximo ... los zelotes ... con un programa de reforma radical del culto del templo y del sacerdocio vigentes... Los sicarii, designación latina, literalmente hombres de cuchillo, con un programa más bien político, encaminado a la expulsión de los romanos y al establecimiento de un poderoso reino de Israel. Pero en ambos grupos se rozaban fe y política. Y es que ambos querían provocar el cambio por la violencia, para lo cual debían luchar contra la autoridad establecida en Palestina" - CULMANN Oscar, Jesús y los revolucionarios de su tiempo. Barcelona: Editorial Herder, 1980, p.14-15).

Precisamente, teniendo como trasfondo todos estos datos registrados por Lucas en su evangelio y durante la institución de la Cena del Señor en el aposento alto, se ubica el relato de la discusión de los discípulos de Jesús acerca de quién de ellos iba a ser el más importante o el más grande en el reino de Dios. ¿Por qué? ¿Qué intentó comunicar Lucas a sus primeros lectores?

Un dato significativo puede ayudarnos a entender la intención particular del autor del tercer evangelio. Como ya se ha señalado, llama la atención una declaración que hizo Jesús, registrada únicamente por Lucas en su evangelio, cuando fue arrestado por las autoridades judías en el huerto de Getsemaní. De acuerdo con el testimonio lucano, las palabras pronunciadas por Jesús en aquella ocasión fueron: ... mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas (Lucas 22:53). Según el sentido del relato lucano, parece que la discusión de los discípulos de Jesús relacionada con rangos o lugares de preeminencia en el reino de Dios formaba parte del plan de destrucción de Satanás. Este ya había captado previamente a uno de los doce, Judas Iscariote (Lucas 22:3-4), y estaba intentando atraer la atención de los otros discípulos para que fueran seducidos por la lógica humana predominante en ese tiempo en cuanto al ejercicio del poder político.

En efecto, parece que así fue, ya que cuando se introdujo en el círculo de los discípulos la idea corriente de acceso al poder político, según el modelo de liderazgo aceptado en ese tiempo, ellos pensaron y actuaron como los personajes humanos que gobernaban despóticamente a las naciones paganas.

¿Quiere decir esto que la política es en esencia un asunto meramente mundano?

¿Está el terreno de la política enteramente bajo el dominio de Satanás y de sus instrumentos humanos?

¿Cuál, es entonces, el papel ciudadano de los discípulos como miembros de la polis?

¿Cómo tienen que actuar ellos dentro de la polis de la cual forman parte?

A la luz de la discusión previa sobre la perspectiva lucana del poder, parece claro que un texto bíblico clave como Lucas 22:24-27 delinea principios sumamente valiosos para la acción política de los discípulos de Jesús en cualquier marco temporal. Es un texto bíblico del cual se desprenden tres asuntos clave relacionados con el tema del poder político: 1) Las aspiraciones humanas, 2) Las estructuras de poder, y 3) La ética del reino de Dios.

Cada uno de estos tres temas tiene lecciones sociales y políticas particulares entretejidas entre sí y que son especialmente pertinentes para este tiempo en el cual un número crecientes de miembros, líderes y pastores evangélicos, con diversos intereses individuales y colectivos, afirman haber sido llamados por Dios para ingresar en el campo de la política con el propósito de "refundar" moralmente la nación. ¿Qué se debe tener en cuenta o considerar con mucho cuidado cuando un ciudadano de confesión evangélica, sea este pastor o miembro de una congregación, incursiona en la plaza pública? Veamos.

1) LAS ASPIRACIONES HUMANAS

Uno de los temas que está presente en Lucas 22:24-27 es el de las aspiraciones humanas relacionadas con la cuestión del poder político. En este texto se relata la discusión entre los discípulos de Jesús sobre los lugares de preeminencia que tendrían en la inminente - según ellos - instauración del reino de Dios (Cuando examina este texto bíblico, Howard Marshall acota que: "Si allí existía la posibilidad de que uno de sus discípulos traicione a Jesús, también existía la posibilidad de disensión entre ellos como consecuencia del deseo terrenal por los lugares de privilegio y autoridad" - MARSHALL Howard, The Gospel of Luke: A commentary on the Greek Text, Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 1979, p.810). Allì se indica lo siguiente sobre este tema clave que permeaba la mentalidad de todos los discípulos: Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor (Lucas 22:24). O como se traduce en la Nueva Versión Internacional (NVI): Tuvieron además un altercado sobre cuál de ellos sería el más importante (Lucas 22:24).

A la luz de los datos que se tienen sobre el contexto histórico, se puede afirmar que la discusión de los discípulos de Jesús de Nazaret estuvo asociada con los presupuestos teológicos y políticos propios del marco cultural judío de ese tiempo, porque a ellos "les costaba trabajo prescindir de las ideas corrientes sobre el reino de Dios" (CULMANN, Oscar, Jesús y los revolucionarios de su tiempo. Barcelona: Editorial Herder, 1980 p.44) (Aquí se debe tener en cuenta un dato sumamente valioso sobre la visión del mundo de los judíos en el tiempo de Jesús. Ellos no separaban la religión de la política, ya que, según su cosmovisión, veían a la religión y a la política como algo integral, porque el propósito de Dios se relacionaba con la nación - STORKEY Alan, Jesus and Politics: Confronting the Powers, Grand Rapids: Baker Academic, 2005, p.38).

Así, como muchos de sus contemporáneos, los discípulos de Jesús creían que el reino de Dios prometido por los profetas del Antiguo Testamento estaría restringido exclusivamente a un espacio geográfico definido (Israel) y tendría una dimensión política concreta (la liberación de la situación de opresión en la cual se encontraba el pueblo judío en ese momento) (Osca Cullmann, sobre este tema, precisa que "en tiempos de Jesús existían ya en el judaísmo dos concepciones muy diferentes respecto al Mesías. Según una, más o menos oficial y compartida por la mayoría del pueblo, el Mesías era un guerrero victorioso, el cual, como Rey, había de establecer en la Tierra un poderoso reino de Israel, por el cual reinaría Dios en el mundo. Según la otra, que era de los círculos más reducidos, el Reino de Dios se realizaría al margen de las contingencias terrenas, en un marco cósmico, por aquel a quien el Libro de Daniel y los Apocalipsis apócrifos llaman 'el Hijo del Hombre' y que 'vendrá sobre las nubes del cielo' Daniel 7:13" - CULMANN, Oscar, Jesús y los revolucionarios de su tiempo. Barcelona: Editorial Herder, 1980 p.31).

Más aún, parece que los discípulos de Jesús "veían su posición en términos políticos, y se veían a sí mismo como seguidores políticos del Mesías" (STORKEY Alan, Jesus and Politics: Confronting the Powers, Grand Rapids: Baker Academic, 2005, p.85)

Este es el dato histórico particular que se deriva, por ejemplo, del análisis de textos bíblicos como Mateo 20:20-28; Marcos 10:35-45 y Hechos 1:6, textos en los que se hace referencia a asuntos como las posiciones de privilegio y a temas como la restauración del reino al Israel geográfico, temas que estaban en el centro de la discusión de los discípulos. En estos textos se precisa lo siguiente:

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. Él le dijo ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda (Mateo 20:20-21)

Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos. Él les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda (Marcos 10:35-37).

Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? (Hechos 1:6)

¿Por qué es valiosa esta información sobre las ideas corrientes que había con respecto al advenimiento del Mesías prometido? Porque ese marco cultural y teológico preciso, propio del mundo político-religioso judío del primer siglo, permite comprender mejor tanto las motivaciones como las pretensiones individuales y familiares que estaban detrás de la disputa o discusión de los discípulos de Jesús sobre el estatus y la capacidad de ejercer dominio sobre los demás.

Al respecto, tanto los relatos de Mateo y Marcos como el de Lucas indican que los discípulos pensaban que el establecimiento del reino de Dios estaba cerca y, por esa razón buscaban asegurarse los primeros lugares o los puestos de preeminencia en el reino mesiánico. Como lo precisa Lucas en su evangelio: (estaban) cerca Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios (basileia tou theos) se manifestaría inmediatamente (Lucas 19:11). Además, un análisis comparado de Lucas 22:24 con Mateo 20:24 y Marcos 10:41, demuestra que el tema del poder estaba presente en la mentalidad de todos los discípulos, y no únicamente en la de los hijos de Zebedeo y de su madre Salomé (De acuerdo con el evangelio de Mateo, fue la madre de los hijos de Zebedeo quien le pidió a Jesús que en su reino sus hijos, Juan y Jacobo, se sentaran en los lugares de preeminencia (Mateo 20:20-21). Tomando como base la información consignada en Marcos 15:40; 16:1; Mateo 27:56 y Juan 19:25, textos bíblicos sonde se mencionan datos sobre las mujeres que presenciaron la crucifixión y fueron en la mañana del domingo al lugar en el cual Jesús había sido enterrado, se presume que Salomé fue el nombre de la madre de los hijos de Zebedeo).

Consecuentemente, ninguno de ellos estaba libre de la seducción del poder,ni se hallaba vacunado contra el virus de la ambición política. Todos pensaban en los mismos términos. Fue así porque, según el testimonio lucano, no se trataba en realidad de la primera ocasión en que los discípulos de Jesús discutían entre sí sobre este asunto, tal como se señala en Lucas 9:46-48, un pasaje donde se subraya que los discípulos [...] entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor (Lucas 9:46).

De acuerdo con el relato de los evangelios sinópticos, la búsqueda de los lugares de privilegio, preeminencia, estatus y poder, un asunto que se expresó claramente en la discusión colectiva sobre quién de ellos sería el más importante o el más grande, se exteriorizó en pasiones tan humanas como la disputa (Lucas 22:24) y el enojo (Mateo 20:24; Marcos 10:41). En otras palabras, dentro de la comunidad de discípulos, la lucha por acceder a las posiciones de preeminencia o a los lugares de prominencia en el reino de Dios, se expresó en acciones humanas egoístas y terrenales que lesionaban las relaciones de hermandad, compañerismo y solidaridad, que se suponía debía existir entre los seguidores de Jesús de Nazaret.

El hecho de que se trataba de una disputa o un altercado respecto a quién de ellos sería el mayor o el más grande revela que tanto el estado de ánimo de los discípulos como el clima teológico en el que está situada la discusión entre ellos, no fueron ni de solidaridad ni de compañerismo, especialmente porque la discusión o la disputa entre los discípulos giró en torno a temas críticos como las posiciones de privilegio que tendrían en el reino terrenal que, según su perspectiva teológica, Jesús pronto inauguraría.