¿Se puede explicar la resurrección con teorías naturalistas?



Cuando escuchamos que alguien afirma haber presenciado un milagro, una de las primeras cosas que pensamos es que debe de haber alguna clase de explicación natural. Después de todo, aunque en verdad ocurran, no son normales en la naturaleza.

Los Evangelios nos dicen que hubo una respuesta similar frente a la resurrección de Cristo. Cuando a los sacerdotes judíos se les informó sobre la tumba vacía, difundieron la mentira de que los discípulos de Jesús habían robado el cuerpo del Señor (Mt. 28:12-15).


Incluso los creyentes reaccionaron de esta manera. Cuando María Magdalena vio a Jesús, al principio hizo una suposición natural: que era el hortelano (Jn. 20:10-15). Cuando los discípulos escucharon la noticia de las mujeres que habían ido a la tumba del Señor, pensaron que estaban difundiendo rumores o relatos falsos (Lc. 24:11). Más adelante, cuando vieron a Jesús resucitado, estos mismos seguidores creyeron que estaban viendo un fantasma o una alucinación (Lc. 24: 36-43).


A lo largo de la historia, muchos han tenido respuestas similares con respecto a la resurrección de Jesús, en el intento de descubrir teorías naturalistas que la expliquen. Esto era mucho más común en el siglo XIX que en nuestra época. Aun si ignoráramos la mayoría de la información de los Evangelios y solo nos atuviéramos a los hechos históricos que reconocen casi todos lo eruditos en la materia, tanto conservadores como liberales, todavía tendríamos muchas respuestas importantes para cada una de las teorías naturalistas. No es de extrañar que hoy en día, relativamente pocos eruditos piensen que algunas de estas hipótesis alternativas sean ciertas.


Por ejemplo, algunos críticos han propuesto que Jesús nunca murió en la cruz, sino que en cambio “se desvaneció: se desmayó y sólo pareció estar muerto. Decenas de estudios médicos han demostrado que la crucifixión es verdaderamente letal y que las personas presentes en ese momento lo reconocerían. La mayoría de estos informes dicen que la principal causa de muerte por crucifixión era la asfixia (morir por no poder respirar). Era sencillo determinar cuando la víctima estaba muerta, ya que permanecía colgada hacia abajo sin erguirse para respirar. Además, en general, la muerte de la víctima se aseguraba con un golpe mortal. La explicación médica más aceptada de la herida en el costado de Jesús es que la presencia de sangre y agua indica que le traspasaron el corazón, lo cual confirmó Su muerte.


Sin embargo, muchos estudiosos creen que hay otro problema serio con la teoría del desvanecimiento. Si Jesús no hubiera muerto en la cruz, habría estado en una condición terrible cuando Sus seguidores lo vieron. Con una cojera intensa, con Sus muchas heridas abiertas probablemente sangrando, de hombros caídos y pálido, habría resultado difícil convencer a Sus discípulos de que era el Señor resucitado (¡y con un cuerpo transformado!). Muchas razones históricas y la opinión prácticamente unánime del campo académico indican que los discípulos de Jesús verdaderamente creyeron que lo habían visto resucitado. Con estos ejemplos, la tesis del desvanecimiento se refuta a sí misma. ¡Presenta a un Jesús que habría contradicho la creencia de los discípulos en Su resurrección con sólo aparecer en la terrible condición física que exige esta teoría!


Pero ¿es acaso posible que los discípulos robaran el cuerpo muerto de Jesús? Durante más de 200 años, se ha ignorado este enfoque porque no explicaría la convicción sincera de los discípulos de haber visto al Jesús resucitado: una convicción por la cual estuvieron dispuestos a morir.


Las transformaciones que experimentaron en su vida requieren una explicación adecuada. La hipótesis del robo tampoco explica cómo Jacobo, el hermano de Jesús, o Pablo dejaron de ser escépticos gracias a su convicción de haber visto al Jesús resucitado. Aun los críticos se dan cuenta de esto.


¿Acaso otra persona podría haber robado el cuerpo de Jesús? Este enfoque sólo considera la tumba vacía. No explica las apariciones de Jesús, que son la mejor evidencia de la resurrección. Tampoco da cuenta de las conversaciones de Jacobo y Pablo. Además, muchos posibles ladrones del cuerpo no habrían tenido motivos para llevárselo. Esta alternativa no explica adecuadamente los hechos conocidos, por lo cual, los críticos casi nunca optan por ella.


Las teorías de la alucinación también presentan muchísimos problemas. Mencionaremos sólo algunos. Las alucinaciones son experiencias privadas, mientras que los relatos más antiguos informan que Jesús se les apareció tanto a grupos como a individuos. Además, las diferentes personalidades de quienes presenciaron las apariciones contradicen que todos hayan inventado una imagen mental, a menudo al mismo tiempo. Las reacciones de los discípulos que dudaron de la resurrección también es evidencia en contra de esta hipótesis, ya que es muy poco probable que dos escépticos incrédulos desearan tener alucinaciones con el Jesús resucitado. Y si las alucinaciones son la mejor explicación, ¡la tumba no debería haber estado vacía!


¿Podrían, entonces, haberse generado más adelante los informes sobre la resurrección, como meras historias que surgieron con el tiempo? Algunas posibilidades deberían ser adecuadas. Una vez más, la verdadera convicción de los discípulos de haber visto al Jesús resucitado genera un gran problema para esta teoría, ya que indica que los relatos originales surgieron de los mismos testigos oculares y no de historias posteriores. Además, la divulgación temprana de estas apariciones, a sólo unos pocos años de la crucifixión atestigua que al menos el mensaje esencial permaneció intacto desde el principio. Por otra parte, la tumba vacía sería un recordatorio físico constante de que no se trató de un “cuento” sin fundamento. Una vez más, tanto Jacobo como Pablo generan problemas insalvables para esta teoría, ya que estos dos escépticos también estaban convencidos de haber visto al Jesús resucitado; las historias que surgieron años más tardes no explican la conversión de estos hombres.


Por razones como estas, la mayoría de los eruditos de la alta crítica hoy concuerdan en que las teorías naturalistas no explican de manera adecuada la resurrección de Jesús. Sencillamente, no dan cuenta de la información histórica conocida. ¡De hecho, muchos eruditos liberales incluso critican las alternativas que a veces se sugieren!


Tenemos un testimonio sólido de la naturaleza histórica de la resurrección de Jesús. Las teorías naturalistas han fracasado. Es más, muchas evidencias históricas defienden la resurrección. Si unimos todas estas cosas, tenemos muchas razones de peso para creer que este suceso fue real en la historia. Después de todo, cuando las teorías alternativas fracasan, lo único que nos queda es la evidencia, y es un indicador poderoso de que Jesús resucitó de entre los muertos.


Biblia de Estudio Apologética

Artículo por Gary R. Habermas

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