¿Cómo vencer la traición? - Serie Lecciones de Vida


Hay muchas palabras hermosas en el idioma castellano, palabras que son casi musicales en su sonido. La palabra traición no es una de ellas.


Cuando escuchamos la palabra traición escuchamos a César, angustiado por el cuchillo que tenía enterrado firmemente en la espalda, cuando grita: << ¿Eh tú, Brute?>>


Cuando oímos la palabra traición, nuestra mente viaja a un huerto, una noche oscura, la voz de un amigo, y un beso que vendió al Hijo de Dios por 30 piezas de plata.


Cuando examinamos la vida de José lo encontramos de pie en el umbral mismo de la traición, una traición que surge de su propia familia. La misma conlleva un dolor a corto plazo para él, pero es una lección que el joven José debe recibir para aprender a vencer.


El terreno de la tensión. 


Recuerdo que hace años visité a una familia que había ido a nuestra iglesia. Tan pronto entré en la casa percibí la tensión en el aire. No sabía con certeza si alguno de ellos amaba al otro, pero se vio muy claro que no se caían bien entre sí. En el transcurso de los siguientes 45 minutos, dos cosas se hicieron obvias: los esposos no se hablaban ni parecían querer hacerlo, y su guerra civil personal había pasado de la relación entre ellos a sus hijos.


Asumimos que en las familias hay calor, amor, aceptación y seguridad. Pero muchas veces las familias no están a la altura de su nombre. Se convierten en caldos de cultivo para la ira, el resentimiento y la amargura. Ese fue el caso de la casa de Jacob, como se ve en Génesis 37.


Cuando se enciende la mecha de la ira familiar.


Jacob, hijo de Isaac y nieto de Abraham, aprendió a las malas que en realidad se cosecha lo que se siembra. Él había ignorado el patrón bíblico para el matrimonio que aparece en Génesis 2 y había tomado múltiples esposas. Tuvo hijos con esas dos esposas (y sus criadas) y terminó con una familia mixta de 12 hijos, todos rivales tratando de ocupar un lugar especial ante su padre.


El problema se intensificó por la obvia preferencia de Jacob por Raquel, su segunda esposa, y sus dos hijos, José y Benjamín. Eso creó una grave fricción en la familia. Al ser elevados a una condición especial dentro de la casa, estos dos muchachos fueron desechados por sus propios familiares.


Además, el carácter de Jacob, que no era muy brillante que digamos, se estaba reproduciendo en sus hijos. Su nombre (Jacob) significa <<conspirador>>, y los hijos de Jacob aprendieron a los pies del maestro. La familia estaba llena de riñas, engaño e intereses propios. La explosiva atmósfera se desestabilizó aún más con las deficientes prácticas de crianza que tenía. Génesis 37 describe tres puntos de potencial combustión en la casa:


1. Jacob usó a José para espiar a los hermanos mayores, los cuales odiaban a este <<preferido>> (v.2)

2. Jacob demostró favoritismo en el regalo de una túnica especial (v.3)

3. Jacob alimentó la ira de la rivalidad entre los hermanos, pero la ira de ellos estaba dirigida a José, no a su padre ni a sus necias acciones (v.4)


El aumento del conflicto entre los hermanos estaba arraigado en los problemas dentro del matrimonio. Los mismos resultados se ven en 1º Samuel 1, donde la poligamia produjo una competencia y un conflicto inevitables entre las esposas. Claro que la poligamia no hace falta para que haya conflictos. Cualquier problema que haya entre la pareja tiene graves incidencias directas sobre todas las relaciones del hogar. Cuando a esa relación le acompaña una crianza mal orientada que eleva a un hijo por encima de los demás como objeto de amor y alabanza, los resultados pueden ser catastróficos.


“Cualquier problema que haya entre la pareja tiene graves incidencias directas en todas las relaciones del hogar”


Al mostrar preferencia por José, Jacob cometió dos errores graves. Primero, envió señales equivocadas a José sobre su posición en la familia respecto a sus hermanos mayores. Segundo, por inferencia causó el dolor del rechazo a los hijos que una vez fueron objeto de su atención, pero que ahora había olvidado. La tensión que resultó de ello creó un polvorín en las relaciones cuya mecha estaba a punto de ser encendida. La falta de sabiduría y obediencia de Jacob había formado una familia llena de resentimiento y odio.


Y hablando de tensiones familiares, recuerdo haber leído un extracto de un testamento de fecha 1º de julio de 1935 que decía:


      A mis dos hijas, Frances Marie y Denise Victoria, por su actitud carente de amor hacia un padre senil … dejo la suma de un dólar a cada una y la maldición de un padre. Que sus respectivas vidas estén llenas de desgracia, infidelidad y tristeza. Que sus muertes ocurran pronto y sean de naturaleza duradera y tortuosa. Que sus almas descansen en el infierno y sufran los tormentos de la condenación eterna.


Una familia puede ser un caldo de cultivo para el odio, y los efectos pueden ser verdaderamente destructivos. Las indiscreciones de Jacob empaparon su casa de gasolina, y José estaba a punto de ¡encender un fósforo!


La impetuosidad de la juventud


José tuvo unos sueños que predijeron su futura ascensión a la grandeza. Pero en lugar de considerar su importancia y procurar entenderlos, hizo alarde de ellos delante de su familia, incluyendo los hermanos que ya lo odiaban. José cometió tres errores de juicio críticos:


1. No tuvo criterio. No reconoció la situación problemática que había en su familia.

2. Fue insensible. No consideró el impacto que tendrían sus acciones en los miembros de su familia.

3. Fue inmaduro. No se detuvo a pensar en el dolor que causarían sus acciones.


El resultado fue que la tensión y la ira siguieron aumentando. La cualidad del carácter que faltaba en la joven vida de José era el discernimiento. Aunque era cierto que un día ejercería dominio sobre sus hermanos, sus acciones demostraron que todavía no estaba preparado para ese trabajo.


José tenía que estar preparado para la responsabilidad del liderazgo, y esa preparación vendía en la medida en que aprendiera a desempeñar el papel de siervo. El liderazgo de un siervo demuestra discernimiento, sensibilidad y madurez. Esto es así para los esposos y sus esposas, los líderes de una iglesia, los supervisores y sus empleados, o los líderes civiles y los ciudadanos. Hay una gran necesidad en nuestra generación de líderes que tengan corazón de siervo.


Para el cristiano que está en el liderazgo la pregunta siempre es: << ¿Estás usando tu posición, o estás dejando que Dios te use a ti en ella?>> Con ese fin, alguien escribió lo que se conoce como <<La oración del líder>>: 


Señor, cuando me equivoque, ayúdame a estar dispuesto a cambiar. Cuando tenga la razón, ayúdame a ser una persona con quien sea fácil convivir. Fortaléceme de tal manera que el poder de mi ejemplo sobrepase por mucho la autoridad de mi rango.


José tenía que desarrollar el carácter de un líder, pero eso sólo se lograría por medio de las lecciones y la experiencia de ser un siervo.


Atento a los números del 1 al 10


En Génesis 37:12-27, Jacob envió a José a vigilar a sus hermanos, y, como era de esperar, estos diez hermanos se molestaron por la presencia misma de José. La presión aumentó al contemplar ellos <<al preferido de papá>>.


Primero vemos que la ira sustituyó al amor, incluso hasta llegar al asesinato (v.18). Y el sarcasmo sustituyó a la manera adecuada de hablar (V.19). Rubén trató de intervenir a favor de José, pero fue rechazado (VV.21-22). Por último, el ataque se produjo en varias etapas:


-Ellos tomaron su túnica (v.23), símbolo de su resentimiento.

-Lo arrojaron en un pozo (v.24) para quitarlo de su vista.

-Con corazones endurecidos se sentaron a disfrutar de una comida mientras su joven hermano languidecía solo en un pozo oscuro (v.25).

-Lo vendieron como esclavo (vv.25-28), decidiendo que sacar beneficio a la vida de José era un final adecuado al triste acontecimiento.


Nótese lo que produjo una tensión familiar no resuelta. La raíz de amargura es el odio (Mateo 5:21-22). El síntoma de la amargura es el sarcasmo (Santiago 3:1-8). El resultado de la amargura es la manipulación, utilizar a las personas en lugar de amarlas.


La raíz de la amargura y su trágico fruto


Para los que han estudiado esta historia bíblica es fácil decir: <<No pasa nada. Todo va a salir bien al final.>> Pero mire el dolor inmediato que brotó de una familia devorada por el odio. Rubén se lamentó por José (y por su propia falta de valor). Los hermanos mintieron a su padre, pero no se escaparon de su culpa personal (véase Génesis 42:22). Jacob, el engañador, fue engañado y experimentó un dolor que rehusaba ser consolado. Cosechó lo que sembró. Así como él engañó a su padre con un cabrito, lo engañaron a él con los mismos medios.


“La raíz de la amargura es el odio; el síntoma de la amargura es el sarcasmo; y el resultado de la amargura es la manipulación”


El resultado final de la amargura de esta familia fue que a José lo vendieron como esclavo. Es interesante que él sea el único del que no se dice que está perturbado. José era el que tenía la mejor posición de todos ellos, porque aunque estaba en esclavitud, se encontraba justo donde Dios lo quería. Estaba justo donde tenía que estar para poder aprender las lecciones que Dios quería enseñarle, lecciones que un día lo convertirían en un gran líder y le permitirían superar la traición de sus propios hermanos.


El Salmo 76:10 dice: <<Ciertamente la ira del hombre te alabará... >> (Salmo 76:10). Siempre fiel, Dios tomaría la maldad de los hombres en la vida de José y la usaría para bien de él y para Su gloria.


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Tomado de: Folleto "Lecciones de Vida", RRB

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