Requisitos esenciales para el estudio de Teología



La persona que se ocupa en el estudio de la ciencia de la Teología es propiamente dicho un teólogo. Si el vocablo griego "teologos" fuese usado activamente como lo indica su acentuación, indicaría uno que habla por Dios, pero el uso pasivo de dicha palabra se referiría a aquel a quien Dios habla.


El estudiante de teología tiene que llenar ciertos requisitos y es necesario que posea ciertos dotes si es que va a progresar dignamente en la tarea que se le ha encomendado.


1. EL ASUMIR DE ANTEMANO LA INSPIRACIÓN Y AUTORIDAD DE LAS ESCRITURAS.

El estudiante de teología no se ocupa primordialmente en la tarea crítica de probar la inspiración y el carácter divino de la Biblia, sino más bien en ordenar y exhibir la verdad positiva que las Sagradas Escrituras dejan por sentado. Ya que la Biblia es una principal fuente de información, el teólogo es llamado a ordenar el material dado por Dios en un orden lógico y científico. El teólogo es un biblicista, es decir uno que no tan solamente considera la Biblia como la única regla de fe y práctica, sino que tiene además la única fuente de información fidedigna en las esferas donde la revelación divina habla. Así como el químico no podrá avanzar en su ciencia si dudase o rechazase el carácter esencial de los elementos con los que trabaja, de igual manera el teólogo que no acepta la fidelidad de la Palabra de Dios también fracasará. Es la tarea del crítico reverente el descubrir y defender el carácter esencial de la revelación divina; pero al teólogo le ha sido encomendada la tarea de sistematizar y declarar la revelación divina tal y como ha sido dada.


Debido al hecho de que la ciencia de la Teología debe de seguir la verdad de las Escrituras como la Palabra de Dios, este siglo moderno y racionalista con sus dudas hacia la inspiración verbal, la revelación y la autoridad bíblica no tiene interés hacia la ciencia de la Teología, y aún más, se está alejando con desdén de dicho estudio. Dada la aceptación de la verdad de la revelación divina, la ciencia de la Teología es posible y a la vez requerida, y de inmediato se descubre que excede a todas las otras ciencias, así como el Creador excede a Su creación.


2. LAS LEYES DE METODOLOGÍA SON ESENCIALES EN LA CIENCIA DE LA TEOLOGÍA COMO LO SON EN CUALQUIER OTRA CIENCIA.


El teólogo no crea ninguno de sus materiales como tampoco el botánico crea las flores ni el astrónomo controla las estrellas. Al igual que otros científicos, al teólogo le es dado el reconocer el carácter de su materia y el arreglarla adecuadamente. Él no debe malinterpretar ni cambiar la verdad que le ha sido encomendada, ni aún dándole un énfasis desproporcionado. Para poder existir, la ciencia, por necesidad, tiene que repeler lo falso, lo parcialmente falso y toda forma de prejuicio sin fundamento y de noción preconcebida. La importancia de hallar y sostener la verdad en su absoluta pureza y en proporciones correctas no puede sobrestimarse. A este fin puede llegarse solamente por un método sistemático, una actitud científica y una labor extensa. Debido a que las verdades de las Escrituras puede expresarse mejor en los idiomas originales, es esencial que el teólogo sea un exégeta en dichos idiomas y que esté tan bien informado como sea posible respecto al carácter preciso del mensaje de Dios con el cual se está tratando. Es absurdo pensar que algún científico ignore o menosprecie el valor esencial de alguna porción de la materia con que su ciencia tiene relación. De igual manera, la ciencia de la Teología estaría incompleta y conduciría a error hasta el punto en que se omita y mal interprete cualquier porción de la revelación divina. El estudiante digno de la Teología, si no calificase para el elevado y más inclusivo título de teólogo, tendría derecho a ser reconocido como un supercientífico, lo cual es.


De los dos métodos usados en el estudio de la Palabra de Dios - el deductivo, por medio del cual un tema es ampliado con lujo de detalles, un método que pertenece por lo general al campo de la predicación, y el inductivo, por medio del cual varias declaraciones tocante a un asunto son reducidas a una declaración armoniosa y todo inclusiva - la inducción es de manera distintiva el método teológico. Las inducciones pueden ser imperfectas o perfectas. Las inducciones imperfectas resultan cuando algunas, pero no todas las enseñanzas de las Escrituras se toman como base para una declaración doctrinal. Una inducción perfecta se forma cuando todas las enseñanzas de las Escrituras, de acuerdo a su significado preciso, son hechas la base de una declaración doctrinal. Es evidente que para las mentes finitas, la inducción perfecta es más o menos un ideal, y el hecho de que diferentes e imperfectas inducciones son hechas explica, hasta cierto punto, la amplia divergencia de creencia doctrinal aún entre hombres de igual sinceridad.


3. LA NECESIDAD DE RECONOCER LAS LIMITACIONES.


Si no fuese porque Dios ha dado al hombre una revelación adecuada de Sí mismo y que Él espera que los hombres le presten atención, parecería una presunción infundada que la mente finita buscase el comprender aquellos que es infinito. El teólogo no debería jamás perder de vista, el hecho de que él, como ningún otro científico, está llamado a tratar con cosas supernaturales, con cosas que trascienden los límites del tiempo y el espacio donde ninguna mente humana por sí sola puede penetrar y con seres invisibles, incluyendo las tres Personas de la Deidad y los ángeles. Al ser confrontado con asuntos tales, el teólogo debe siempre estar en quietud y santa reverencia, como estuvo Moisés delante de la zarza ardiente, y siempre impresionado con la futilidad de depender sólo de la opinión humana, así como las desastrosas consecuencias a que tal dependencia puede llevar. De la manera más simple, Dios ha hablado tocante a Sí mismo, y de cosas infinitas y eternas, la Biblia es ese mensaje y, aunque el hombre no puede originar ninguna verdad similar, aún siendo finito, le ha sido dado el privilegio por la iluminación del Espíritu Santo de recibir, con cierto grado de entendimiento, la revelación concerniente a cosas que son infinitas.


Se debe reconocer nuestra limitación en esto y aceptar las verdades bíblicas en un acto de fe, teniendo en cuenta que la Biblia está dirigida a la fe del creyente y no a la lógica del hombre.



4. LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL ES NECESARIA Y HA SIDO PROVISTA.


Aunque, como se ha dicho, la Biblia está expresada en el lenguaje más simple, su mensaje, en muchos aspectos, trasciende la esfera del entendimiento humano; pero Dios ha provisto la manera de vencer estas limitaciones humanas. El Espíritu de Dios es dado a toda persona salvada como el Paracleto que habita en el creyente, proveyendo así una fuente inagotable tanto para el entendimiento como para la enseñanza. Eso fue lo que Cristo obró en el corazón de los discípulos que anduvieron con Él por el camino de Emaús. El texto declara que Jesús no tal solamente les abrió las Escrituras sino que también les abrió el entendimiento como para que comprendiesen las Escrituras (Lucas 24:27-32.45). De igual manera, el segundo Paracleto oficiaría en beneficio de todos aquellos en quienes él habita. Una condición vital, sin embargo, es impuesta la cual envuelve el tema de la piedad y la dedicación del creyente a la voluntad de Dios. Es solamente en aquellos que "no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" en quienes la Voluntad de Dios es hecha (Rom 8:4), y es el cristiano espiritual quien discierne todas las cosas (1 Co 2:15). De esta manera se introduce en el campo de la Teología una ley pedagógica que es extraña a otras leyes de investigación, es a saber, que la iluminación divina, por medio de la cual únicamente la revelación puede ser comprendida, tiene que depender de una condición del corazón que no tan solamente está rendida a Dios, sino que también está siempre listo para conformarse a la Palabra que Él ha hablado. Aunque las porciones históricas y exhortativas de la Biblia son comprensibles al hombre inconverso y al cristiano frío, las doctrinas, por lo general, están selladas para ellos, y como la Teología tiene tanto que ver con la doctrina, esa vasta ciencia está cerrada a las multitudes que no están faltos de educación o de cultura; pero que sí están faltos de ese ajuste personal e interno con Dios que es lo único que asegura un discernimiento espiritual. La iglesia siempre está en peligro, y nunca tanto como ahora, del desastre que necesariamente sigue cuando permite que hombres de distinción en las esferas de reconocimiento humanos, pero que son inconversos o fríos espiritualmente, dicten lo que ella debe creer. Por lo tanto, necesariamente sigue que, además de la disciplina mental como requisito previo, todo estudiante de Teología, antes de adentrarse en este ilimitado y supernatural campo de investigación, debe dar evidencia indiscutible de que ha nacido de nuevo, y por medio de ese nacimiento ha venido a poseer el Espíritu de Dios, el Maestro Divino, y que está rendido a la voluntad de Dios, no tan solo tocante a la verdad misma sino también tocante a la piedad. Sin esa preparación, el estudio de esta ciencia ha de ser de muy proco o de ningún provecho. Sin embargo, si a un estudiante desposeído de esta preparación esencial se le permite graduarse e ir con una autoridad impuesta por los hombres a predicar, los resultados no serían sino calamitosos en un plano infinito y él mismo caería en el peligro de recibir el irrevocable anatema de Dios (Gál 1:7-9)


5. SE REQUIERE UN ESTUDIO PACIENTE E INCANSABLE.


Como uno que se aventura más y más en las profundidades del mar sin esperanza alguna de alcanzar sus playas, así el teólogo está siempre enfrentándose con materias ilimitadas en el campo de la doctrina bíblica. Se ha tenido por costumbre que el teólogo emplee por lo menos tres años en estudios introductorios a la ciencia de la Teología y bajo la instrucción de aquellos que a través de un estudio paciente y de experiencia pueden guiarse en esa investigación introductoria. Sin embargo, el estudio de la doctrina bíblica es una tarea de por vida y siempre demanda tiempo y fortaleza. Feliz es en verdad el estudiante que obtiene una introducción completa y bien balanceada del vasto campo de la Teología, pero tres veces feliz es aquel que con persistencia y propósito continúa su estudio hasta el final de sus días en la tierra.


Han transcurrido muchas generaciones hasta que hemos llegado al día en que el púlpito cristiano ha alcanzado su nivel más bajo en lo tocante a la predicación doctrinal. No obstante, el corazón humano no ha cambiado y el demedio divino para el alma pecaminosa y perdida es el mismo, y el siervo de Dios que ministra a esas necesidades con verdadera eficacia descubrirá la importancia del estudio constante de modo que pueda probarse a sí mismo ser para Dios un obrero que no tiene de qué avergonzarse, que traza bien la Palabra de Verdad (2 Tim 2:15)


6. FE


El estudiante de Teología ha sido llamado para entrar en el campo de las cosas sobrenaturales. Su investigación está casi totalmente limitada al único Libro que posee el soplo de Dios y el poder para comprender el mensaje que ese Libro presenta se obtiene solamente por la intervención directa del Espíritu de Dios. No tal solamente son estas cosas ciertas; sino que el elevado y santo servicio de aquel que expone este Libro ya sea oralmente o por una digna incorporación de esas verdades en su vida cotidiana, será ventajoso y efectivo solamente cuando se administra la Palabra en el poder de Dios. La Biblia no es entendida ni recibida por el hombre inconverso (1 Cor 2:14), ni tampoco los cristianos carnales pueden asimilar sus profundas revelaciones (1 Cor 3:1-3). Esta gran verdad no podría expresarse de manera más decisiva que como se expresa en Hebreos 11:3, "por fe entendemos". Debe darse la debida importancia al valor del poder mental innato y a la virtud de la diligencia constante, pero éstos por sí solos poco aprovechan en una ciencia que es sobrenatural en todas sus partes. Ninguna otra ciencia tiene sobre su puerta de entrada un rótulo escrito semejante al de la Teología "solamente hombres de la fe que han efectuado su regeneración y les ha guiado a una completa dedicación a Dios deben tratar de entrar por aquí". Ninguna ley pedagógica es más infructuosa que la expresada en estas palabras, "si alguno hace Su voluntad, conocerá la doctrina" (Juan 7:17), y "El que es espiritual juzga (discierne) todas las cosas" (1 Co 2:15). Otra vez, "La misma unción os enseña todas las cosas" (1 Jn 2:27)



Fuente:

Teología Sistemática Chafe, Tomo I

Comentario Samuel Pérez Millos, Romanos.











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