Desde Malaquías hasta Mateo
- 31 ene
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El final del canon del Antiguo Testamento dejó al pueblo de Israel dividido en dos grupos principales. En su inmensa mayoría los israelitas se hallaban esparcidos por todo el imperio persa, más en el carácter de colonos que en el de cautivos. Un remanente fiel, principalmente de la tribu de Judá, con Zorobabel, un príncipe de la familia davídica, y los sobrevivientes de los sacerdotes y levitas, había regresado a Palestina bajo los decretos permisivos de Ciro y sus sucesores y establecido de nuevo el culto del templo. Es en este remanente que se centraliza el interés del estudiante de las Escrituras, y este interés abarca la historia política y religiosa de la nación hebrea.
I. Políticamente, el destino de los judíos palestinos lo determinaba, con una sola excepción - la revuelta de los Macabeos -, el curso de la historia de los imperios mundiales de los gentiles predicha por el profeta Daniel (cap. 2, cap. 7).
El dominio persa continuó cerca de cien años después de haberse cerrado el canon del Antiguo Testamento y parece haber sido benigno y tolerante, permitiendo al sumo sacerdote, además de la práctica de sus funciones religiosas, cierto grado de autoridad civil bajo el poder de los gobernantes de Siria. Cuando Josefo (historiador judío del siglo I) escribió, las fuentes para la historia del remanente judío durante el período persa eran puramente legendarias. Fue en este período que se estableció el culto rival en Samaria (Juan 4:19,20)
Palestina sufrió mucho a causa de las continuas guerras entre Persia y Egipto, por encontrarse, por así decirlo, "entre el yunque y el martillo"
En el año 333 A.C. Siria cayó bajo el poder del tercero de los imperios mundiales, el imperio greco-macedonio de Alejandro el Grande. Este conquistador, según Josefo relata, se inclinó a tratar muy favorablemente a los judíos; pero al dividirse su imperio Judea cayó de nuevo entre el yunque y el martillo de Siria y Egipto y llego a estar dominada primer por el poder sirio y después por Egipto bajo los Tolomeos. Durante este período (320 a 198 A.C.) grandes números de judíos se establecieron en Egipto y la traducción griega del Antiguo Testamento, conocida como la Septuaginta, se llevó a cabo (285 A.C.)
En 198 A.C., Judea fue conquistada por Antíoco el Grande y anexada a Siria. En este tiempo se hizo la división de Palestina en las cinco provincias que son familiares para los lectores de los Evangelios, a saber, Galilea, Samaria, Judea (que a menudo eran colectivamente llamadas Judea), Traconite y Perea. Al principio le fue permitido a los judíos gobernarse por sus propias leyes bajo la dirección del sumo sacerdote y un concilio. Cerca de 180 A.C. el territorio palestino llegó a ser la dote de Cleopatra, una princesa siria casada con Tolomeo Filométor, rey de Egipto; pero al morir Cleopatra, Antíoco Epífanes (el "cuerno pequeño" de Daniel 8:9) reclamó Palestina para sí, después de una sangrienta batalla. En 170 A.C., después de interferir repetidas veces en el templo y el sacerdocio, Antíoco saqueó Jerusalén, profanó el templo y esclavizó a muchísimos de los habitantes. El 25 de Diciembre del año 168 A.C., él ofreció una puerca sobre el altar principal y erigió un templo a Júpiter. Esta es la "desolación" que se menciona en Daniel 8:13 y que es un tipo de la final "abominación desoladora" de Mateo 24:15. Antíoco prohibió el culto del templo y obligó al pueblo a comer carne de cerdo.
Los abusos del Antíoco provocaron la revuelta de los Macabeos, que es una de las páginas más heroicas de la historia. Matatías, el primero de los Macabeos y un sacerdote de gran santidad y energía de carácter, comenzó la rebelión. Él no hizo mucho más que reunir un grupo de judíos piadosos y valientes que se comprometieron a libertar la nación y restaurar el antiguo culto. A Matatías le sucedió en la dirección de la revuelta su hijo Judas, conocido en la historia como Macabeo. Este nombre viene de un vocablo hebreo que significa martillo. Judas tuvo la ayuda de sus cuatro hermanos, de los cuales Simón es el más conocido. En 165 A.C., Judas logró apoderarse de Jerusalén y purificó y rededicó el templo. Este evento se celebraba en la fiesta judía de la Dedicación. La lucha con Antíoco y su sucesor continuó. Judas perdió la vida en el campo de batalla y su hermano Jonatán le sucedió en el poder. En Jonatán estuvieron unidas la autoridad civil y la sacerdotal (143 A.C.). Bajo el gobierno de Jonatán, de Simón su hermano y de su sobrino Juan Hircano, se estableció la línea asmonea de sacerdotes gobernantes, con el consentimiento de otros poderes. Ellos no poseyeron ninguna de las virtudes de los Macabeos.
Después vino una guerra civil a la cual dio fin la conquista romana de Judea y Jerusalén por Pompeyo (63 A.C.), quien dejó a HIrcano, el último de los asmoneos, con una soberanía nominal, mientras que Antípater, un idumeo, tenía en realidad el poder. En 47 A.C. Antípater fue nombrado por Julio César, procurador de Judea y puso a su hijo Herodes como gobernador de Galilea. Después del asesinato de Julio César sobrevinieron desórdenes en Judea y Herodes huyó a Roma. Allí fue nombrado (40 A.C.) rey de los judíos y al regresar a Judea se reconcilió con los judíos tomando por esposa a Mariana, la hermosa nieta de HIrcano (38 A.C.) y nombrando como sumo sacerdote al hermano de ella, el Macabeo Aristóbulo III. Herodes era rey de Judea cuando Jesucristo nació.
II. La historia religiosa de los judíos durante el largo periodo desde Malaquías (397 A.C.) hasta Cristo, siguió, en lo que tocaba al ceremonial, el sumo sacerdote y el culto del templo, el curso de la turbulenta historia política y es de poco interés.
De mayor importancia fueron los esfuerzos y medios por los cuales la fe genuina de Israel mantenida viva y cultivada.
La tendencia a la idolatría parece haber desaparecido como resultado de la experiencia y observación que los judíos tuvieron de ella durante el cautiverio babilónico. Estando desprovistos del templo y el sacerdocio y de la posibilidad de continuar una adoración ceremonial, ellos tuvieron que regresar a lo que era fundamental en su fe, la revelación de Dios como el Único Dios, el Creador, a quien debía concebirse como el que hizo al hombre a su propia imagen y tenía, por lo tanto, tales semejanzas con la naturaleza y la vida del hombre como para hacerse comprensible al entendimiento humano, pero que al mismo tiempo permanecía como el Espíritu Eterno, es decir, Dios. Este concepto de Dios, que recibió un gran énfasis en el ministerio poderoso de los profetas anteriores al destierro y de los que predicaron durante el cautiverio, prevaleció finalmente sobre todos los conceptos idólatras y dicho ministerio continuó, entre el remanente que regresó a Palestina, por medio de Hageo, Zacarías y Malaquías. Las elevadas normas éticas de los antiguos profetas, su severa condenación del mero formalismo y sus radiantes profecías de la final restauración de Israel a la supremacía nacional y religiosa bajo el Mesías, fueron repetidas por los profetas del período posterior al destierro.
El problema era mantener vivo este elevado ideal en medio de las persecuciones externas y de las bajas y vergonzosa divisiones internas.
El organismo que sirvió para este fin fue la sinagoga, una institución que no formaba parte del orden bíblico en la vida de la nación. Su origen es oscuro. Es probable que durante el cautiverio los judíos, privados como estaban del templo y sus ritos, acostumbraran reunirse el día sábado para orar. Esto les daría oportunidad para leer las Escrituras. Tales reuniones requerían cierto procedimiento sistemático y alguna autoridad que previniera el desorden. La sinagoga se desarrolló indudablemente como resultado de las necesidades peculiares de la situación en que los judíos se hallaban, pero sirvió el propósito de mantener al pueblo en estrecha relación con los escritos sagrados, y con éstos fue alimentada la vida espiritual del verdadero Israel.
Sin embargo, este periodo dio origen también al gran conjunto de tradiciones, comentarios e interpretaciones que se conocen como Mishna, Gemara (que forman el Talmud), Halachoth, Midrashim y Kabbala, y que se colocaron de tal modo por encima de la Ley que la obediencia se transfirió de la Ley misma a las interpretaciones tradicionales.
Durante este periodo surgieron, además, los dos grandes grupos sectarios conocidos en las narraciones de los Evangelios como fariseos y saduceos. Los Herodianos eran un partido político más bien que una secta.
Entre este pueblo que se hallaba gobernado, bajo la soberanía de Roma, por un usurpador idumeo, que estaba dividido por controversias amargas y no espirituales acerca de la religión y que mantenía un elaborado ritual religioso, apareció Jesús, el Hijo y el Cristo de Dios.













































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