La Reforma Protestante (parte 3) Precursores de la Reforma II


Lutero quema la bula


Había en tiempos muy anteriores al de Lutero, individuos que propiamente pueden llamarse reformadores radicales, hombres que en los puntos esenciales anticiparon el movimiento protestante.


Los Albigenses


Fue un grupo que se extendió en Francia en los siglos XII y XIII. Los predicadores albigenses que mezclaban con sus dogmas heterodoxos (doctrinas no tradicionales), un celo sincero en pro de una vida pura, eran escuchados favorablemente por todas las clases sociales. La extirpación de ese grupo numeroso y formidable, se consiguió solamente por medio de una cruzada sangrienta que se inauguró bajo los auspicios de Inocencio III y fue seguida por los esfuerzos de la Inquisición, que en ese lugar tuvo sus principios.


Los albigenses en su oposición a la autoridad de la tradición eclesiástica y de la jerarquía, y en su rechazo de las peregrinaciones y de ciertas prácticas tales como la adoración de los santos y las imágenes, anticiparon la doctrina protestante, aunque en otros aspectos, su credo se opone más al espíritu del protestantismo que el de sus opositores. Es interesante notar que, precisamente cuando el papado parecía estar en el apogeo de su poder, se levantó una rebelión que no pudo reprimirse sino por medio del empleo en grande escala de fuerzas militares, y por actos brutales que han dejado una mancha indeleble en aquellos que lo instigaron.


Pedro de Bruys


Este intrépido misionero evangélico fue cura de una pequeña parroquia en los Alpes: pero cuando la luz del Evangelio iluminó su mente no pudo quedarse en su aldea y empezó una labor itinerante de evangelización por todo el sur de Francia.


Dios se sirvió del gran filósofo de su época: Abelardo, para darles el deseo de conocer más profundamente las verdades de la religión; el Nuevo Testamento, y probablemente la influencia de algunos descendientes de los antiguos paulicianos refugiados en los Alpes, hicieron el resto. Se cree que millares de personas fueron convertidas por su ministerio itinerante, que duró veinte años.


Un concilio fue convocado en Toulouse (Francia), en el año 1119, el cual condenó como herejía a los: "Bonnes hommes, Peterinos y Paulicianos". Ellos contestaron públicamente con una confesión de fe o declaración de sus doctrinas en 14 artículos, la cual les identificó con los mejores cristianos evangélicos de todos los tiempos. Según dicho documento, creían en la eficacia y suficiencia del sacrificio de Cristo par ala salvación de los fieles; que la virgen María fue santa, humilde y llena de gracia, pero que ni ella ni los demás santos deben ser adorados; que después de la muerte sólo hay dos lugares, uno para los salvos y otro para los condenados, y negaban el purgatorio como "un lugar imaginario, inventado por el Anticristo en oposición a la verdad". Condenaban el uso del agua bendita, los ayunos según el sistema romano y la transustanciación. Reconocían solamente dos sacramentos: el Bautismo y la Cena del Señor. Enseñaron que el matrimonio "es honroso y necesario no sólo para los cristianos en general, sino para los sacerdotes. Que la silla del Papa no era la de Pedro el apóstol". Por una reacción muy explicable contra la idolatría reinante, condenaban de un modo muy especial la adoración y veneración de la cruz. Por todas partes el pueblo quemaba sus imágenes y crucifijos cuando llegaban a descubrir que estas cosas les había estado impidiendo la relación espiritual y sincera con el Cristo Salvador que está en los cielos.


Todos los que aceptaban el Evangelio, predicado por Pedro de Bruys y sus fieles evangélicos, eran bautizados después de hacer pública confesión de fe, según declaran todos los historiadores, incluso los no bautistas.


El entusiasmo del pueblo, por la recién descubierta verdad del Evangelio, les hacía cometer imprudencia, como la que llevaron a cabo en Arlés al quemar públicamente sus crucifijos y cocer carne sobre su fuego el día de Viernes Santo. Con ello, trataban de demostrar su adhesión y obediencia al segundo mandamiento de la ley de Dios y a lo que enseña Jesucristo acerca del ayuno en San Mateo 15. Pero los cristianos evangélicos modernos, sin dejar de admirar el valor y la fe de estos antepasados nuestros, hemos aprendido, por un más detenido estudio del Nuevo Testamento (véase Romanos 14), el deber de la tolerancia y el respeto a las conciencias de los que no comprenden las verdades del Evangelio como nosotros las comprendemos.


Pedro de Bruys fue apresado mientras estaba predicando en San Gilles cerca de Nimes en un motín promovido por los católicos y quemado vivo en el año 1124.


Enrique de Lausanne


Entre los muchos predicadores y servidores de Dios con que debió contar el movimiento evangélico del siglo XII, se destaca por su sabiduría y elocuencia Enrique, piadoso monje del Monasterio de Cluny, el cual fue convertido al evangelio diez años antes de la muerte de Pedro de Bruys y estuvo predicando hasta el año 1148, o sea, por espacio de 34 años.


Se nos describe a este hombre como de gran dignidad en su apariencia personal. Con mirada ardiente y voz sonora, hablaba impetuosa y poderosamente de las Sagradas Escrituras. Se nos dice que siempre tenía pasajes de ella adecuados para probar sus afirmaciones.


Al principio tuvo permiso del obispo Ildeberto, católico liberal que había sido discípulo del célebre Berengario para predicar el Evangelio en su diócesis.


El pueblo le recibió con admiración porque no estaba acostumbrado a una predicación tan clara del Evangelio de parte de un sacerdote romano, sobre todo en aquellos tiempos, y porque condenaba los abusos y errores del clero que la gente repudiaba en su corazón. Así que, cuando otro sacerdotes se le oponían, el pueblo solía ponerse de su parte.


Las gentes se arrepentían convencidas por su predicación y enmendaban sus vidas. Muchos que vivían en inmoralidad se casaron legalmente. Gran número de mujeres de mala vida quemaba sus vestidos y aderezos cuando fueron convertidas a Dios por su predicación.


En 1134 fue aprehendido por orden del obispo de Arlés y llevado ante el Concilio de Pisa el cual le condenó a perpetuo silencio y encierro en el Monasterio de Clairvaux, del cual el célebre san Bernardo era Abad (superior del monasterio). Pero Enrique supo escaparse pronto. Se cree que la verdad del evangelio que predicaba le ganó en el mismo convento amigos que le facilitaron la fuga. Pronto se le encontró predicando en Toulouse y su región, donde eran numerosos y fuertes para protegerlo.


Los Valdenses


Alrededor de 1175 un comerciante procedente de Lyon (Francia), llamado Pedro Valdo (1140-1218), se deshizo de su fortuna para predicar y vivir una vida de pobreza. Encargó que se tradujera una versión del Nuevo Testamento griego en vernáculo (es decir, en lengua común o propia del pueblo) y pronto atrajo muchos seguidores. Pero, en menos de una década, lo que había empezado como un movimiento popular entusiasta, era condenado como herejía.


Los seguidores de Valdo, conocidos como los valdenses, huyeron de Lyon y empezaron a organizarse como iglesia, expandiéndose en dos regiones conocidas por tener creencias poco convencionales - La -Lombardía y Provenza. Al final del siglo trece, pese a haber sido perseguidos por la nueva y fortalecida Inquisición, los valdenses habían logrado expandirse por casi toda Europa excepto la Gran Bretaña.


La mayor objeción contra los valdenses, quienes empezaron en el seno de la iglesia, era que terminaron rechazando esa iglesia. Los principales asuntos de desacuerdo que les causaron la fama de herejes eran las predicaciones no autorizadas de la Biblia y el rechazo del papel mediador del clero.


En las décadas alrededor de 1400, en la región principal de los valdenses, esto es, Europa central y del este - particularmente Bohemia, Moravia, Branderburgo, Pomerania y Austria - fueron severamente perseguidos por la Inquisición. durante el siglo quince, los valdenses seguían activos en esa región, intercambiando ideas con los husitas (seguidores de Juan Hus) y ayudando a crear los cambios de ambiente que propiciaron los grandes cambios religiosos del siglo dieciséis. En Francia, los valdenses siguieron siendo acosados hasta el fin de la Edad Media, mientras que en Italia se refugiaron en la región de Piamonte, en donde fueron atacados en 1488.


Johannes Wessel


Llamado también Gansfort Wessel, nació en Groninga el año 1419 y murió el año 1489. Hay otros nombres menos célebres que los de Wiclyffe y de Huss, que merecen, sin embargo, ser inscritos de igual manera entre los heraldos de la Reforma. Entre ellos, se halla el de Wessel que estuvo identificado en diferentes tiempos con las Universidades de Colonia, Louvain, Paris y Heidelberg, como maestro de teología, y que murió en 1489. Éste expuso, en lenguaje claro y enfático, la doctrina de la justificación solo por la fe. En contra de la pretendida infalibilidad de los obispos y pontífices, sostuvo que muchos de los más grandes papas cayeron en errores repugnantes tanto en cuanto a doctrinas como en prácticas, citando como ejemplos a Benedicto XIII, Bonifacio IV, Juan XXIII, Pío II y Sixto IX.

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